12 meses — Desescolarizarse en la universidad

Irene acababa de empezar la universidad y ya sabía que no era eso lo que quería hacer con su vida. Le gustaba el tema que había elegido pero no la forma en que se enseña. Y la idea de pasar cuatro años estudiando teorías sin poder aplicarlas se le hacía insoportable.

El tema que le apasiona (el mismo de sus estudios) permite que uno se dedique a ello sin tener ningún título ni certificación oficial alguna.

Le pregunté cuáles eran sus motivos para haberse matriculado y cuáles sus motivos para plantearse continuar cuando tenía bastante claro que era una pérdida de tiempo. Al principio no lo tenía muy claro o, la menos, no conseguía expresarse con claridad. Concluimos que tenía miedo de defraudar a sus padres. No se atrevía a decirles que ése no era el camino que quería seguir.

Tenía una idea bastante clara de lo que quería hacer. Quería emprender en internet, tenía los recursos que necesitaba para hacerlo ya que no le hacía falta inversión económica para empezar: sólo una cámara de vídeo y una conexión a internet. Tenía la ilusión de hacerlo mientras viajaba. Y no era capaz de decírselo a sus padres.

Obviamente sus padres pertenecen a una generación que creció con la convicción de que una carrera universitaria era una garantía de futuro: un trabajo para toda la vida, un buen sueldo y cierto reconocimiento social. Pero no se deben tomar decisiones en base a cómo creemos que es el mundo. Mucho menos, en base a cómo otros creen que es el mundo. Incluso aunque esos “otros” sean nuestros padres.

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Mi consejo fue muy sencillo:

durante 18 años has hecho lo que tus padres han querido. Ciertas decisiones no son para toda la vida. Pídeles 12 meses para probar tu plan. Si no funciona, puedes volver a la universidad. Pídeles sólo doce meses. Diles que esto es lo que tú realmente quieres hacer.

No querrás estar en tu lecho de muerte y arrepentirte de no haber hecho algo que tienes claro por miedo a que tus padres no lo comprendan. Y tampoco querrás tener 40 años y odiar a tus padres por haberte marcado el camino. Y odiarte a ti misma por haberte dejado.

¿Tienes miedo de defraudarlos? Defráudalos durante 12 meses, dales ese pequeño disgusto y luego ya decides si quieres volver a hacer lo que ellos te digan que es mejor para ti.

La semana pasada recibí un email de Irene.

Desde Bangkok.

 

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