Antifrágil

A lo antifrágil -dice Taleb- le encanta lo aleatorio y lo incierto, lo que también significa -y esto es fundamental- que adora los errores, una clase determinada de errores. La antifragilidad tiene la singular propiedad de permitirnos afrontar lo desconocido, de hacer cosas sin entenderlas, y de hacerlas bien. Seré más agresivo y diré que, gracias a la antifragilidad, en gran medida somos mejores actuando que pensando. Prefiero mil veces ser tonto y antifrágil que muy listo pero frágil.

 

Una vez que comprendas el concepto de antifragilidad y seas capaz de entenderlo como condición inherente al ser humano, te darás cuenta de que el sistema escolar tal como está diseñado actualmente sólo puede perjudicar al desarrollo de los niños

¿Por qué? 

Porque los niños son seres esencialmente antifrágiles que se benefician de la volatilidad y la sobreprotección les perjudica porque les impide desarrollarse. También tú eres antifrágil. Todo ser humano lo es. También a ti te perjudicó la sobreprotección ofrecida por el sistema escolar (y puede que incluso por tus propios padres, con sus mejores intenciones). Porque se trata de un sistema excesivamente rígido, donde todo está pensado de antemano, donde no cabe lo aleatorio, lo incierto, donde los errores se conciben como un elemento negativo a eliminar y no como el motor del crecimiento que realmente son.

 

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