Piensa globalmente, actúa localmente

Tras muchos años observando, analizando y debatiendo la situación de la educación y del sistema escolar he llegado a varias conclusiones.

La primera de ellas, y quizás la más importante, es que los padres, los profesores y las administraciones tenemos ideas diferentes sobre cuál debe ser el objetivo de la educación y, en su caso, del sistema escolar. Éste es el motivo por el que los debates serán siempre estériles, por el que nunca habrá acuerdos ni pactos, por el que nunca se podrá realizar una reforma que contente a todos y que soluciones los actuales problemas del sistema.

La segunda, y de orden más pragmático, es que la solución siempre va a ser individual. He visto a políticos, analistas y profesionales varios desgañitarse en debates interminables en los que, ellos no se daban cuenta, pero no hablaban siquiera el mismo idioma. He visto a padres y profesores dedicar un tiempo y una energía preciosos a la “lucha” por un cambio en el sistema que nunca van a lograr. Un tiempo y una energía que habrían estado mejor empleados si los hubieran dedicado a sus hijos y alumnos.

Tras varios años trabajando La Desescolarización Interior puedo concluir que el ya viejo dicho “piensa globalmente, actúa localmente” es también aplicable a la educación. Está bien pensar globalmente. Analizar la situación del sistema en su conjunto. Ver cuáles son las deficiencias “macro”. Pero si queremos de verdad cambiar algo sólo podrá ser aquello que realmente esté en nuestra mano. Uno debe preguntarse: ¿Qué es lo que yo puedo hacer desde donde estoy? Sea como padre, como profesor o como simple ciudadanos sensibilizado con una cuestión que afecta a todos, empieza por hacer aquellos cambios que sí dependen de ti. Si para lograr lo que te propones necesitas 500.000 firmas o una mayoría cualificada en el parlamento, cambia tu enfoque. Desde tu posición, por humilde que parezca, ¿qué puedes hacer? Más aún: ¿qué puedes hacer ahora?

Creo que, especialmente los padres y los profesores, no son conscientes del inmenso poder que en realidad tienen. Ello se debe, entre otras cosas, a que el sistema escolar ha realizado correctamente su función: ha anulado nuestra capacidad crítica, nuestra iniciativa y nuestra fe en nosotros mismos. Por eso el primer paso debe ser la desescolarización interior. Un proceso personal que debe hacer cada uno a su ritmo para deshacerse de los aprendizajes implícitos de la escuela y, a partir de ahí, empezar a cambiar las cosas. Un cambio que puede tener efecto bola de nieve. Un cambio que afectará primero a tus hijos o alumnos; después a tus compañeros, a tus familiares, a tu entorno más cercano y que no sabes qué alcance real puede llegar a tener. Pero lo más importante es que aquellos niños que están cerca de ti -tus hijos o tus alumnos- recibirán el trato que merecen desde hoy mismo, sin importar lo que diga un ministro.

 

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